Hay que votar. Y votar bien. Contra la calamidad, o sea

Hay que votar. Y votar bien. Contra la calamidad, o sea

A ver. A mí me dice el governet (hola, Albert Soler) que mejor pantalones y compro 50 faldas. Me convoca el governet (hola, hola) a las urnas un día 14 y el 13 zarpo hacia San Petersburgo. Sin billete de vuelta. Defensa propia.

Pero no lo haré. Me quedaré e iré a votar. ¿Peligroso? ¿Desencanto, hastío, hartazgo? Por partes. Mucho más peligro tendrá quedarse en casa. Para generaciones. Desencanto y tal: sí, mucho. Pero hay que votar. Y votar en masa y bien. Votar es importante, pero mucho más es votar bien.

Y votar bien, ahora, en Cataluña, es hacerlo para cambiar el paso. Estos tíos, y tías, que nos mandan son, y serán, un desastre. Aparco lo ideológico, que es mucho aparcar tanta maldad. Me paro en que es un asunto de preparación, de jerarquía, de saber. Lo que hay… Un día conté, y mantengo, que es como si a mí me ponen el mando de la Coca Cola: acabo con las burbujas. No. Estos no saben. No pueden conducir ni un auto de choque. Lo afirman médicos, el señor Mitjà por ejemplo. Médicos y pacientes. Empresarios y asalariados. Cualquier mínimamente ilustrado.

No saben y es letal para todos los catalanes, indepes inclusive. Lo admiten muchos de quienes los tratan. Con la boca pequeña, claro: la nómina no se negocia. ¿Los imaginan sin dinero público a los que mandan, a los que callan? ¿Levantado la persiana de un negocio? ¿En una empresa más o menos seria? Ni de coña. La mediocridad y la impotencia, como el virus, arrasan con todo. Y no con todos pues ellos están guarecidos. Hemos llegado a 2021 sin que un indicativo, uno solo, sea favorable a Cataluña. O sea a los catalanes. Piensen como piensen. Tras años y años de gestión en la nada. Ellos y sus antecesores son sinónimo de ruina. Hay mil ejemplos, baste uno: después de diez años de procés y similares, Madrid nos supera como locomotora económica española. Tiene mucho mérito. Como arruinar al Barça, vamos….

¿Entonces? Pues ya que estamos, como en el fútbol. Si el equipo no funciona, cae el entrenador. Y si sigue sin funcionar, el presidente. Cataluña no es una SAD, de momento. No tiene propietario aunque lo parezca. Es un club y en los clubes hay elecciones. Y el fracasado se va y llega otra gente. Generalmente la que no ha gobernado. Los Otros. En lo que nos ocupa, la otra Cataluña. Que el aire circule.

Total, que sí. Que hay que votar y hacerlo a favor de un plan diferente. Vayan y voten lo que quieran teniendo claro que esto es blanco o negro: seguir con lo mismo, la calamidad, o buscar algo diferente y mejor. Peor es imposible.

Airear. No se puede perder más el tiempo. Ni el dinero. Ni la salud… Abran puertas y ventanas.

Artículo de Tomás Guasch publicado en elCatalán.es.

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